Historia de la Cooperativa Santa Rosa de Lima (Tierga)

Artículo rescatado del número 3 de la revista cultural El Paletón

Quiero dedicar este artículo a todos estos hombres de Tierga que en los años 60, hicieron posible con pocos medios, la construcción de la Cooperativa, puesto que las viñas era uno de los cultivos prioritarios por entonces en Tierga y que con su elaboración y poquito más de siembra, olivas y frutales lograron sobrevivir en este nuestro pueblo.

Los primeros datos escritos que existen sobre la Cooperativa es una circular a la “Jefatura Nacional de la Obra Sindical” en diciembre de 1.960.

Por dicho escrito, entiendo que con anterioridad ya se habían puesto en marcha un grupo de hombres humildes, que creían en sí mismos y que con mucho esfuerzo e ilusión iban a ser capaces de sacar este gran proyecto adelante.

Tras muchas reuniones y todos unidos, la Cooperativa fue aprobada por el Ministerio de Trabajo en diciembre de 1963. Esto no habría hecho más que empezar, sólo en papel y así comenzó el trabajo sobre el terreno.

La compra del solar en el paraje “el Hortal”, con superficie de 1.205 metros cuadrados, se hizo a los propietarios Dña. Patrocinio Gil y Gil y Don Cándido Torrubia Laborda.

La primer acta de fecha 3 de marzo de 1.964, con la conformidad de la “Obra Sindical de Cooperación” para la elección en Asamblea General de Socios, eligió como Junta definitiva para llevar a cabo este proyecto a D. Gregorio Grávalos Martinez (Presidente), a D. Pedro Sanz Marin (Secretario) y como (vocales) a D. Manuel Pérez Gil, D. Miguel Martinez Rodrigo y D. José Berdejo Martinez.

También se creó un Consejo de Vigilancia, cuyos integrantes fueron: D. Francisco Garcia Casanova, D. Bautista Barcelona Benasque y D. Luis Cardiel.

Así mismo se crearon los Estatutos de la Cooperativa, aprobados por el Ministerio de Trabajo y se inscribieron en el Registro Oficial de Cooperativas.

Así, comprado y escriturado el terreno, en marzo de 1.964, comienza el proyecto de Bodega, “no había tiempo que perder”. El proyecto lo hizo el Ingeniero D. Joaquín De Pitarque y Elio y como Contratista D. Mariano Rubio Pardos.

Toda la maquinaria se compró a Rodes Hnos., de Alcoy. Para hacernos una idea, el terreno costó 50.000 pesetas y el proyecto de obra, incluida la maquinaria para la elaboración del vino, más la báscula de pesaje y la línea eléctrica se presupuestó en 3.448.000 pesetas.

La Cooperativa fue constituida por 85 socios, modestos propietarios que, aun así, reunían el 75% de la cosecha total de uva del término de Tierga.

Se construyeron 33 tinos subterráneos y 12 tinos elevados para una capacidad de 1.155.000 litros de vino.

El 90% de las plantaciones eran de uva Garnacha, excelente materia prima para la elaboración de vinos de calidad. Uva Garnacha que a día de hoy sigue siendo tan apreciada…

Este vino obtenía un grado medio entre 15º y 16º.

La primera cosecha que fue hecho vino en la Cooperativa fue en 1964.

Para empezar a amortizar se estipuló dejar 50 céntimos por kilo de uvas y por año para los socios.

Por supuesto se pidieron créditos al Banco de Crédito Agrícola y consta que firmaron para amortizar en 5 campañas desde 1965 a 1969.

socios cooperativa tierga

Tiempos de mucho trabajo manual, pero con ánimo e ilusión y, como decimos “los del campo”, con algún “contratiempo”. La cosecha de 1965 se apedreó y tuvieron que pedir prórroga al banco de 1 año, no había casi cosecha, no se podía pagar.

No quiero olvidarme de mencionar a D. Armando Torrubia Gil, hombre con estudios en aquella época, que fue quién llevó los temas administrativos y contables desde el comienzo de la Cooperativa hasta que funcionó con su actividad vinícola.

Recopilando estos datos y haciendo memoria de las anécdotas que mi padre me contaba, con ilusión, pero con los apuros que pasaron para hacer esta obra y después amortizarla, no puedo evitar el pensar lo emprendedores y valientes que fueron estos hombres.

Teniendo en cuenta que hablamos de principios de los años 60, cuando la economía era de subsistencia, familias con muchos hijos y estoy convencida de que la mayoría de estos hombres no pudieron ir al colegio más de los 10 ó 12 años. Había que trabajar desde chiquillos para poder comer.

Estoy haciendo este artículo de la revista, con la ilusión de que quienes lo leáis sintáis la misma admiración y agradecimiento que yo hacia nuestros padres y abuelos que hicieron esto posible y que a pesar de las dificultades se sentían “muy tierganos”; por ello decidieron avanzar económicamente aquí y no abandonar su pueblo.

Para la próxima publicación de la revista, quiero incluir testimonios personales y fotografías de la gente que trabajó en las obras y campañas de uva, así como bodegueros, etc.

Escrito por: Gloria Pérez Roy

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